Esperamos mucho de los
demás, esperamos gestos, palabras, sonrisas, miradas. Esperamos que una vez que
alguien llega, se quede en nuestra vida. Esperamos y esperamos. Ajustamos
nuestro reloj a sus posibilidades, olvidando las nuestras. Reservamos un
espacio en nuestra piel y tenemos la valentía de desalojar un hueco de nuestro corazón esperando a
su nuevo ocupante. Preparamos nuestras manos para que escriban nuevas historias,
despojamos nuestra mente de dudas, de miedos y nos sentamos a esperar algo que
no vendrá.
Esperas que cortan la
piel.





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